Pido la palabra para contar algunas cosas que me pasan por la cabeza
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Jueves, 06 de julio de 2006
El tiempo se deja atrapar y muy de cuando en cuando se oye el quejido de un reloj. Son las once de la noche y la habitación está envuelta entre nebulosas. Unos pasos sigilosos retumban al ir subiendo la escalera y se detienen frente a un espejo que delata una vida llena de miserias. Cabello revuelto y mojado por la terrible tormenta que azotaba la ciudad aquella noche. Los ojos irritados por el humo que había en la taberna. Su rostro estaba atravesado por una enorme cicatriz que terminaba en la boca.
Aquel hombre se miraba vacío en el espejo pero, al beber un nuevo trago de ginebra, sus manos dejaron de temblar. En el suelo, una mujer de pelo largo, morena, vestida con una bata azul yace con su cara desfigurada. A su lado una botella manchada de sangre. Abre la ventana, ha cesado de llover y una leve brisa le enjuaga el rostro. Se sienta en una mecedora de madera y espera. El reloj deja escapar un nuevo quejido. Son las tres de la madrugada. La sonrisa de aquel hombre no tarda en convertirse en una carcajada que recorre los rincones de toda la casa.
Por: Taina | Apuntes y relatos | Comentarios (0) | Referencias (0)