Pido la palabra para contar algunas cosas que me pasan por la cabeza
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Lunes, 17 de julio de 2006
La puerta de la biblioteca se cerró como todas las noches, cuando Muffy, el fantasma dio un brinco y salió de la página 17 del Libro de las Pesadillas. ¡ Estoy harto de mi aspecto! ¿ A quién se le ocurre dibujarme con vaqueros y camiseta? Así, nunca daré miedo a nadie. Me voy al castillo de mi abuelo para que me cuente los secretos de cómo asustar a los niños. Muffy abrió la ventana, dio un brinco, y ¡zas! se pegó un porrazo contra el suelo. Llevaba muchos años dentro de las páginas del libro y estaba un poco oxidado.
En ese momento comenzó a soplar un viento tan fuerte que Muffy chocó contra un árbol. ¡Menudo revolcón!- rió el viento. Muffy le miró tan fijamente con sus ojos negros que el viento se tragó sus propios soplidos. Viento y fantasma estuvieron peleando durante una hora hasta que agotados decidieron hacer las paces. El viento no tenía amigos y Muffy le pareció un tipo valiente que se encontraba en apuros. ¿ Qué es eso de que los niños ya no se asusten? Voy a ayudarte pero con una condición. Cuando consigas el secreto de los fantasmas déjame que viva cerca de ti.
Muffy se subió encima del viento y en cuestión de minutos llegaron al castillo. El abuelo de Muffy, era un fantasma muy viejo, y tenía apuntados en un cuaderno los secretos para ser un buen fantasma. Después de aprendérselo todo de memoria, Muffy y el viento se despidieron del abuelo y volvieron a la biblioteca.
Al día siguiente, un grupo de niños entró en la sala de lectura de la biblioteca y empezaron a leer y a reírse de las historias de miedo. De repente. el viento empezó a soplar y a soplar y un montón de murciélagos salió chillando de las estanterías. Los niños querían escapar pero la puerta de la sala se cerró de un portazo. Muffy salió de su cuento con la cara manchada de sangre y muchos cuchillos en la cabeza. El viento soplaba y soplaba y todos los libros volaban por encima de las cabezas de los niños, que se escondieron debajo de las mesas. Todos los libros estaban por el suelo y los niños estaban tiritando de miedo. Muffy y el viento se reían a carcajadas mientras los niños explicaban a la profesora lo que había ocurrido.
Desde ese día, los niños ya no se ríen cuando leen el cuento de Muffy. Tienen miedo de que el viento se enfade con ellos y de que aparezca el fantasma de la biblioteca.
Por: Taina | Apuntes y relatos | Comentarios (0) | Referencias (0)