Pido la palabra para contar algunas cosas que me pasan por la cabeza
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Sábado, 21 de octubre de 2006
Hoy he recordado la marea roja de hace unos años. Los cimientos de mi casa resultaron ser más fuertes que la embestida de los sucesivos tornados que sacudieron la ciudad. Recuerdo una tarde de verano. Me gustaba ir a contemplar las olas rompiendo en la arena, juguetear con las piedrecillas que me encontraba junto al agua, y mirar a lo lejos, más allá de la línea del horizonte en la que siempre buscaba un barco fantasma.
Esa tarde las olas tenían un olor diferente, a sangre, y su sabor era realmente amargo. Miraba en las profundidades del mar, buscaba el motivo de la desesperación. Fue entonces cuando una ola saltó de la superficie del agua. Llevaba en su cresta odio y venganza. Silencio encallecido por las lágrimas robadas en el combate con el tiempo. Sobre la playa una estatua de bronce, ceñida por la opresión del vacío, de la nada, de la muerte. Sus ojos eran pálidos pero buscaban un barco fantasma más allá de la línea del horizonte. La vida reventaba dentro sin que los límites del metal permitieran una vía de escape. Ni un poro de la estatua permitía respirar oxígeno limpio, transparente.
Pasaron años hasta que una brisa vestida de azul llegó hasta la playa. Asombrada por la belleza de la estatua quiso conocer a su enemigo. No pudo convencerla de que abriera sus brazos, estaba rígida en su forma esférica que la protegía del mundo y de las sacudidas de la marea roja. Comenzó entonces un baile extenuante, sin prisas, dejándose llevar por el compás que marcaban las olas de sangre al chocar contra la estatua. Comprendió que la vida había dejado de existir dentro del metal aunque fuera, frente al mar, un espíritu hablaba con las olas. La materia quedo bloqueada en la arena pero la vida había traspasado la muerte.
Ahora, la marea roja ha desaparecido de la playa y la espuma de las olas va puliendo día tras día la estatua de bronce que sigue anclada sobre la arena. Sus ojos pálidos contemplan el baile de una mariposa que cada tarde vuelve y se atreve a estar junto a ella.
Por: Taina | Apuntes y relatos | Comentarios (0) | Referencias (0)